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COLUMNAS ANTERIORES



Jueves, 10 de abril de 2008

BOLÍVAR JAMÁS FUE PATÁN

Antonio A. Herrera-Vaillant

Simón Bolívar, libertador de seis naciones, tuvo sus defectos, pero entre ellos jamás se contaron la mala educación y la patanería. Nació, vivió y murió como un caballero. Perteneció decididamente a esa estirpe de líderes que constituyen referencia para la superación de los pueblos y jamás se rebajan al mínimo común denominador de una sociedad.

En carta a su sobrino Anacleto Clemente Bolivar el 29 de mayo de 1826, reprende su mala conducta y destaca el papel que la educación, la dignidad y el autodominio desempeñan para el ascenso social de las personas, poniendo por ejemplo a muchos guerrilleros que no tenían más familia que la patria.
Le dice textualmente: “¿No te da vergüenza ver que unos pobres llaneros sin educación, sin medios de obtenerla, que no han tenido más escuela que la de una guerrilla, se han hecho caballeros; se han convertido en hombres de bien; han aprendido a respetarse a sí mismos, tan sólo por respetarme a mí?

Es notable que El Libertador destaque el respeto hacia sí mismos y hacia su persona como líder de la Independencia, Jefe de Estado y referencia moral para la nación que estaba forjando. Bolívar no quería fanáticos adulantes, que de forma abyecta le aplaudieran cualquier procacidad o improperio: Quería hombres y mujeres decentes, que tuvieran por norte la educación, la ética, y una conducta social correcta.

Al plantear la reforma universitaria de 1827, enfatizó que “la decencia, el decoro, la urbanidad, la cultura en el idioma, todo debe recluir en los maestros, a fin de que con estas lecciones practicas formen buenos discípulos”.

El general José de San Martín dijo de Bolívar: “sus maneras eran distinguidas y revelaban haber recibido muy buena educación. Aunque su lenguaje fuese algunas veces grosero, me pareció no le era natural el tenerlo, sino que lo empleaba para darse un aire más militar”. Lo que en 1844 llamaba San Martín “grosería” era apenas aspereza de trato, nada que ver con la soez procacidad que hoy impera.

Para Bolívar, ser caballeroso era el primer atributo que debía tener un hombre. Al describir a Sucre, su primer elogio fue decir “Sucre es caballeroso en todo, es la cabeza mejor organizada de Colombia, es metódico y capaz de las más altas concepciones”.

A la luz del ejemplo bolivariano, una genuina reforma educativa debe resucitar el viejo “Manual de Urbanidad”, de Carreño, e imponerlo en toda la sociedad: Comenzando desde su cabeza, y llegando hasta los pies.

Jueves, 26 de marzo de 2008

SI GANA OBAMA

Antonio A. Herrera-Vaillant

En naciones con débil estructura institucional las cosas pueden moverse al antojo de un caudillo y se toman decisiones viscerales, al calor de la pasión ó porque “me da la gana”. Un elemento que diferencia a las naciones desarrolladas es que tienen pesos y contrapesos institucionales al poder.

Cuando Lula iba a ser electo presidente de Brasil muchos dijeron que aquella enorme masa poblacional y extensión geográfica iba a caer en manos extremistas y a sumar aliados a las oscuras fuerzas que apoyan al terrorismo y al populismo irresponsable. Nada de eso ocurrió.

Brasil, a pesar de su carga de millones de marginados, cuenta con amplias capas poblacionales modernas y de considerable formación cívica. Lo mismo ocurre en China y la India. Brasil tiene además consolidadas instituciones como Itamaraty que hacen que la política exterior sea cuestión de Estado. Resultado: Lula se proyecta como gobernante civilizado; y con su elección Brasil liquidó el tema de la discriminación contra la izquierda.

Cuando Felipe González iba a ser electo en España abundaban alarmistas que decían: “¡Que vienen los rojos!” Pasó lo contrario y hoy Zapatero y Moratinos flirtean con las izquierdas exóticas del mundo – como en su tiempo hizo el PRI mexicano –pero a la hora de la verdad toman muy en serio las relaciones con la Unión Europea y los Estados Unidos.

Muchos analistas del Tercer Mundo hoy ven en el Senador Barack Hussein Obama una alternativa radical ante el cansancio y exasperación que genera George W. Bush en la mayor parte del planeta.

Obama está impulsado en las primarias porque Bush es antipático, y porque muchos sectores marginados de Estados Unidos achacan al gobierno de turno políticas económicas que ellos – como en todas partes - creen causantes de sus propios infortunios.

Muchos analistas del Tercer Mundo, en su rechazo a Bush piensan que Obama viene a implantar una especie de régimen revolucionario en Estados Unidos. Olvidan que aún si el senador demócrata gana – para lo cual aún falta mucho – no podrá disponer del país como hacienda propia. Habrán algunos gestos y cambios de estilo, pero de allí no pasará.

Esos analistas olvidan que las dos Guerras Mundiales, Corea y Vietnam estallaron porque en el exterior algunos creyeron que presidentes demócratas serían tolerantes con dirigentes hostiles a Estados Unidos. La sociedad norteamericana – no sus gobernantes – es la que impone parámetros en ese país. Los enemigos de esa enorme nación que hoy esperan que Obama les dé oxígeno se quedarán con los crespos hechos.

Jueves, 12 de marzo de 2008

LA MANO SORPRESA


Antonio A. Herrera-Vaillant

Una tarde en Santo Domingo la cofradía de mandatarios latinoamericanos ensaya su obra teatral titulada “Una Mano Lava La Otra”, transmitida en vivo y directo. La obra culminará en bufa corrida taurina en que cada prócer pellizcará al Miura Vélez, amarrado cual villano de cine. Al final aplaudirán manos blancas, a cada cual mas soberana.

La “mise en scène” incluía tres extravagantes payasos: Gaby Correa, Fofó Ortega, y Miliki Morales, inseparables mariachis del insigne productor y comediante, Tío Rico Mc Chato. Éste se trajo a su Negra Soledad de telonera para distraer al Miura. Un insulso Don Francisco servía de apuntador.

Aquellas impolutas manos se lavaban entre sí, cantando y bailando para sus propios gallineros. De repente, allá lejos en Caldas, aparece una sangrienta mano que vuela a Santo Domingo como salida de libreto de “Il Padrino”. Aquello fue como la escena donde el cineasta despierta con la cabeza cercenada de su corcel favorito en medio de sus propias sábanas, empapadas de sangre fresca.

Los alegres presidentes y presidentas quedan paralizados del puro tajo, contemplando ahítos la verdadera cara y calaña de los bichos desalmados que algunos pretendían legitimar ú otorgar el beneficio de la duda.

Los propios FARC, en medio del soberano “performance” y sin ayuda de nadie, desnudaban ante el mundo toda su cruel y pestilente realidad, y los horrores que les imponen a los colombianos hace décadas.

Al tal Iván no lo ajusticiaron las autoridades colombianas sino sus propios sicarios por el “revolucionario ideal” de cinco millones de dólares.

Nadie en Santo Domingo se atrevió a pedir un minuto de silencio por Iván Ríos.

A poco se les soltó el Miura, cambiando su rol asignado por un “Cristo del Perdón”, completo con mejillas listas para cada improperio.

¿Sabría que esa cálida tarde de Quisqueya las propias FARC, desde la lejana Caldas, se arrancaban la careta de respetabilidad, completa con mano congelada, cédula, pasaporte y ordenador? Y por meros cinco milloncitos. ¡Que tal chasco para quienes les invierten tanto más!

Al cerrar, el Miura parece indultar –eso sí, por ahora – al diestro McChato, que se arranca raudo pa’ La Habana con su Soledad, en pos de nuevos libretos.

Cae el telón, y por las calles del mundo vuela la mano sorpresa cacheteando a cuanto soberano histrión pretende colocar a la Colombia decente en el banquillo mientras beatifica a mafiosos “revolucionarios”. Toda una corrida al revés.

Jueves, 28 de febrero de 2008

MINIFUNDIOS MENTALES


Antonio A. Herrera-Vaillant

Hará setenta años, una relevante personalidad caraqueña comentó: “En Venezuela, latifundio es cualquier extensión de tierra que provoque envidia”. Su frase identifica algunos temas políticos recurrentes: Ideas que no encierran ideologías sino emociones, y pocas son tan fuertes como la envidia y el resentimiento.

Ante la universal imposibilidad de erradicar totalmente las diferencias sociales, intelectuales y materiales de la humanidad, salen demagogos resentidos a ofrecer explicaciones simplistas y fáciles sobre el por qué los pobres son pobres y los ricos son ricos. Todos, invariablemente, buscan conspiraciones y culpables ajenos para los infortunios propios.

Entre los culpados destaca el “imperialismo”, que puede ser inglés francés, alemán, belga, ruso, norteamericano, del país vecino, o los de la tribu de al lado. Los enemigos endógenos han incluido religiones, razas, y por supuesto, los sectores productivos y competitivos de cada sociedad, caricaturizados de “oligarcas”, “latifundistas”, “burgueses”, “capitalistas” y así por ese estilo.

A fuerza de repetición el sentido original de muchas palabras se desvía ante el “lumpen” intelectual del Tercer Mundo. Desde la más tierna edad aprenden, por ejemplo, que “latifundio” es cualquier gran extensión de tierra, y punto: Que sean productivas les resulta irrelevante.

El argumento parece agradar a amplios sectores populares, si por “pueblo” se entienden exclusivamente los estratos menos afortunados é informados de la población. Por eso surgen ciertos gobiernos con apoyo “popular” que temporalmente se atreven a imponer cualquier absurdo como realidad - así los oponga el 95% de población con más de tercer grado de escolaridad.

Sus mitos son artículos de fe dentro de neo “socialismos” improvisados “ex cátedra” de discurso en discurso. En algunos sitios - la vieja URSS, la China de Mao, Cambodia, Uganda, Haití, y Cuba, entre otros - el poder se ha utilizado para purgar o decapitar la respectiva sociedad, eliminando – de una forma ú otra – a casi todos los segmentos de mayor logro económico é intelectual. Los resultados: mediocridad, degradación, miseria, fuga de capital y de cerebros.

Cuando desde el poder encierran a los menos informados dentro de viejos minifundios mentales, reforzando consejas primitivas que no por milenarias dejan de ser falsas, allí dan tumbos de fracaso en fracaso: Hasta que los mismos pueblos descubren lo contrario – a un costo incalculable.


Jueves, 14 de febrero de 2008

DEJA VÚ 1968

Antonio A. Herrera-Vaillant

En 1968 el rechazo a la guerra de Vietnam y las tensiones raciales generaron en Estados Unidos un fuerte movimiento político contrario al “establishment”. Tres candidatos demócratas disputaban quién era más de avanzada, más representativo de las múltiples minorías que protestaban militantemente.

Ese tormentoso año, el candidato Robert Kennedy, fue asesinado en plena campaña. Luego, la convención demócrata de 1968 en Chicago degeneró en una debacle de confrontaciones violentas entre manifestantes extremistas y una policía tradicional.

Los candidatos restantes eran el Vicepresidente Hubert Humphrey, liberal tradicional, y el Senador Eugene McCarthy, abanderado de la izquierda radical. Humphrey ganó la postulación gracias al apoyo de los líderes tradicionales de un dividido partido.

Las encuestas y analistas ni siquiera contaban con los republicanos, que venían de la enorme pateadura sufrida en 1964 por el Senador Barry Goldwater; y parecían divididos entre el liberal Nelson Rockefeller, y el antipático Richard M. Nixon.

Nixon ganó la postulación, basado en su control sobre la maquinaria interna, y agregó un conservador compañero de fórmula: el hoy olvidado Spiro Agnew.

Entonces, ante las múltiples protestas que desafiaban las tradiciones y el “status quo” norteamericano, mas el alboroto interno de los demócratas, despertó el espíritu esencialmente conservador y cauteloso que priva en países bien informados, con amplia clase media y mayor desarrollo social.

Sucedió lo que antes parecía impensable: Arrasó el poco carismático Nixon, apoyado en la llamada “mayoría silenciosa”. Se ganó la implacable oposición de la izquierda norteamericana que lo persiguió hasta el fin de sus días; pero los radicales quedaron aislados, sin levantar cabeza por décadas.

Cuarenta años después, a pesar de importantes diferencias, surgen importantes similitudes en el mismo libreto: Si la Sra. Clinton es postulada gracias al apoyo de la maquinaria interna del partido, entrará a la contienda presidencial con plomo en el ala. Si el postulado es el Senador Barack Hussein Obama, los republicanos podrían cosechar millones de votos de cuantos demócratas é independientes no están preparados para un vuelco tan radical.

Si resucita la “mayoría silenciosa”, y si se escoge un vicepresidente que le sume el conservatismo, el septuagenario John McCain podría alcanzar la Presidencia, a pesar de las encuestas y del peso negativo de George Bush. ¿Deja vu 1968?


Jueves, 31 de enero de 2008

LA MALA EDUCACIÓN

Antonio A. Herrera-Vaillant

En su discurso de Angostura, el Libertador Simón Bolívar formuló la célebre frase que “moral y luces son nuestras primeras necesidades”. A partir de allí, la educación siempre se ha ubicado como factor universal de progreso; y es respuesta universal de políticos y gobernantes ante las deficiencias culturales e informativas de grandes segmentos de la población.

Pero la prioridad por la educación pública tiende a ocultar factores resultan decisivos al proceso formativo humano, mucho más allá de lo que pueden suplir las escuelas de cualquier sociedad.

En primer término está la ausencia de estructuras familiares. La nutrición y afectos que recibe cada criatura en el período pre y post natal tiene impacto decisivo a lo largo de sus vidas. Desgraciadamente en extensas capas de la población se acumulan generaciones sucesivas de seres limitados por falta de esos elementos fundamentales.

En demasiados casos no existen los ejemplos y valores que provienen de sanas estructuras familiares, que son imprescindibles aún para el éxito de la educación formal, pública o privada.

Luego viene el entorno social, y la avalancha de mensajes que absorbe la población por múltiples vías de comunicación pública. Muchos analistas de este tema se limitan a ahorcar al mensajero – atacando los medios masivos de comunicación social – sin rozar siquiera las verdaderas fuentes de los malos ejemplos y la deformación social.

Entre esas fuentes se hace inevitable señalar un factor fundamental de alto impacto negativo en toda sociedad: El pernicioso efecto de ciertos dirigentes públicos y políticos en el atraso intelectual é informativo de sus propios gobernados.

Quienes gobiernan naciones con su conducta aportan modelaje que – lejos de ser constructivo, enaltecer y elevar - rebaja el medio ambiente de sus sociedades a la par que degrada moral e intelectualmente el debate público, esparce desinformación, alimenta mitos, propaga mentiras, y vulgariza todo cuanto toca con el pretexto de “hablarle al pueblo en su propio lenguaje”.

Quienes a conciencia transitan los mínimos comunes denominadores de conducta pública revelan profundo desprecio por sus propios gobernados, a los cuales en el fondo consideran incapaces de superarse.

La historia mundial está plagada de semejantes flautistas de Hamelin, propulsores de la mala educación que degeneran el comportamiento colectivo. Son antípodas de Simón Bolívar, el perfecto caballero, dedicado a superar pueblos.

Jueves, 17 de enero de 2008

LA APOLOGÍA DEL CRIMEN

Antonio A. Herrera-Vaillant

Al terrorismo se llega por dos vías: Una idealista, que nace de la indignación por las inequidades del mundo, busca utopías en la ideología marxista, y racionaliza sus crímenes diciendo que el fin justifica los medios.

Pero hay otra vía: La del odio que generalmente nace del desprecio por sí mismos y por la humanidad, acentuado cada vez que se miran al espejo.

Para éstos tipos la ideología es simple disfraz, en realidad son criminales organizados, y aún cuando logran poder político absoluto siguen actuando como perros rabiosos, carcomidos del impulso destructivo, y cometen toda clase de atropellos en vez de construir.

La Iglesia Católica siempre condenó el espejismo utópico y la prédica que el fin justifica los medios. En 1980, el papa Juan Pablo II lo resumió:

"Un joven cristiano deja de ser joven, y hace mucho que ha dejado de ser cristiano, cuando se deja seducir por doctrinas e ideologías que predican el odio y la violencia. ... “cuando se deja engañar por el principio fácil y cómodo que 'el fin justifica los medios', cuando pasa a creer que la única esperanza para mejorar la sociedad está en promover la lucha y el odio entre los grupos sociales, en la utopía de una sociedad sin clases, que se revela muy pronto como creadora de otras nuevas."

Con el fracaso del marxismo, los que llegaron al extremismo por idealismo altruista, comprobado el derrumbe de sus ideas, no vacilaron en asumir la experiencia global para evolucionar a otras vías. Sus dignos ejemplos están en todo el mundo: en Venezuela, en Colombia y en muchos otros países. Pero los otros no cambian porque su rabia va por dentro, es insaciable.

Colombia – víctima por décadas de un terrorismo gangsteril sin fe alguna – hoy presencia un final que para algunos justifica los medios usados por viejos promotores del odio terrorista. Dos liberadas de momento se manipulan para encubrir décadas de asesinatos, torturas, privación de libertad y encadenamiento a miles de escudos humanos.

¿Cuál será la filosofía política de bandidos del siglo XIX como Tiro Fijo? Aquellos crueles perros de la guerra hoy no sólo se financian con narcóticos: ahora venden carne humana al menudeo, a cambio de apoyos políticos oportunistas y de sabrá Dios cuanta plata.

Legitimar con barniz ideológico a un atajo de hampones forajidos, cuando todavía mantienen rehenes y repiten atrocidades sería – peor que un crimen - cosa de idiotas, como bien dijo la senadora Piedad Córdova.


Jueves, 3 de enero de 2008

2008: INTERESANTE CENTENARIO

Antonio A. Herrera-Vaillant

Este año se cumplen cien años del eclipse de Cipriano Castro y el inicio del reinado de Juan Vicente Gómez en Venezuela.

En 1899 asaltó el poder un aindiado joven de cuarenta años de edad y humilde origen campesino: Cipriano Castro, cuya insurrección demolió todos los esquemas políticos imperantes en el país durante los cuarenta años anteriores.

Al llegar al poder convocó una Asamblea Constituyente, que hizo la Constitución de 1900, que luego modificó dos veces para quedarse de Presidente hasta 1911. Proclamó una política de "Nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos". Hizo todo lo contrario.

Su estilo de gobierno fue arbitrario y abusivo, locuaz é hiperactivo, irresponsablemente audaz, mantuvo uno de los entornos mas adulantes y corruptos que ha conocido el país. Padecía diarrea verbal: El historiador Consalvi relata: “Castro no tenía límites en materia de metáforas o en las ingenuas falsificaciones de la historia”. Hacía numerosas y delirantes invocaciones religiosas.

Su frenético régimen sobrevivió una dura guerra civil encabezada por el principal empresario del país, Manuel Antonio Matos; y además un bloqueo económico iniciado por varias potencias globales.

Cipriano Castro invocó un “ideal nacional bolivariano”, y planteó una “Confederación Latinoamericana”. Pero cara al exterior su estilo belicoso – parecía un “carrito chocón” de parque de diversión -generó graves conflictos con todas las naciones relevantes al entorno venezolano: Colombia, Gran Bretaña, Alemania, Países Bajos, España, y por supuesto Estados Unidos. Allí se ganó el absoluto desdén del Presidente Teodoro Roosevelt, que le llamó: “aquel monito indeciblemente malvado”. Fue objeto de la burla casi unánime de la prensa mundial.

Profundamente patán, maltrató y humilló a sus subalternos, incluso a su compadre y Vicepresidente Juan Vicente Gómez, quién soportó numerosos vejámenes y trampas destinados a tentar su lealtad.

Luego, hace precisamente cien años, en 1908, al noveno año de su mandato y durante un viaje al exterior, se alinearon todas las piezas políticas y el “incondicional” Vicepresidente Juan Vicente Gómez – antípoda en estilo a Castro – lo desbancó, quedándose con el poder los siguientes 27 años.

El alivio colectivo – nacional e internacional – por su salida confirió a Gómez un apoyo casi universal con el que consolidó dominio absoluto del poder hasta el fin de sus días. Cualquier semejanza es pura casualidad.


Jueves, 20 de diciembre de 2007

PEOR QUE DICTADURA

Antonio A. Herrera-Vaillant

En Latinoamérica han aparecido regímenes políticos que muchos tildan de dictaduras. Se trata de una simplificación. Si recordamos los clásicos dictadores que han existido en países que alguna vez conocieron democracia se notan de inmediato las diferencias.

Algunos de estos dictadores fueron diabólicos, como Hitler y Stalin; fanfarrones como Mussolini, que hizo que trenes italianos llegaran a tiempo; unos como Franco y Pinochet, que al final dejaron prosperidad y desarrollo; y otros como Trujillo y Castro que sembraron pobreza y mediocridad.

En todas – derecha o izquierda - había un alto grado de orden público y además en una eficiente represión. En general fueron implacables y sistemáticas.

Lo que ocurre ahora en muchos sitios no es eso. Con una explosión demográfica anárquica, sin estructuras familiares, pésimos ejemplos desde las cúpulas, miseria y marginalidad, la realidad suele ser una ingobernabilidad mucho más preocupante.

Ciertamente los oportunistas que allí trepan al poder tienen parecidos con dictadores tradicionales, aún en la imitación de sus disfraces ideológicos. En ellas hay groseros abusos de poder, intolerancia hacia el disenso, y violaciones directas o indirectas de normas de las democracias desarrolladas.

Muchos nuevos dirigentes llevan rabia en el cuerpo, padecen delirios de grandeza, son adulados, histriónicos é histéricos. También carecen de oposición organizada eficaz. Pero las semejanzas con dictaduras tradicionales no pasan de las que hay entre grandes simios y humanos.

Las sociedades que rigen son territorios sin orden ni ley, escenarios de Mad Max o Waterworld: nada que ver con el desolador tedio cubano, con que se les suele comparar, quizás por ser la única referencia para museo que sobrevive en todo el vecindario.

Pero en Cuba no queman recintos policiales, hay poca delincuencia, no hay anarquía en las calles, no parecen haber ministros mamarrachos, y la corrupción no existía, por lo menos en los albores del régimen. Existe un orden, asfixiante y aburrido, pero orden al fin.

Las “revoluciones” que ahora viven algunos países son más bien borracheras de poder cuyas resacas demolerán dos mitos tradicionales de la cultura latinoamericana: El bondadoso idealismo y virtud de sus izquierdas; y la confiable eficiencia, profesionalismo y disciplina de sus sectores militares. Donde se junten los componentes de la ecuación Ceresole, se confirmará para siempre jamás que ambas son fantasías.


Jueves, 6 de diciembre de 2007

LINGCHI - O MUERTE LENTA

Antonio A. Herrera-Vaillant

Hace mil años China adoptó un cruel modo de ejecución que se mantuvo hasta 1905: La muerte lenta de mil cortadas. El método era aplicar cortadas paulatinas con una afilada hojilla, en brazos, piernas, tórax; separando luego partes corpóreas, hasta que la víctima desangraba o era rematada de una puñalada al corazón, o mediante decapitación.

El ejecutado solía recibir fuertes dosis de opio para disminuir su plena conciencia; y con frecuencia les sacaban primero los ojos. Por algún motivo aquello trae a la mente aquello que Dios ciega a quienes quiere perder.

En metáfora, una “muerte de mil cortadas” es la destrucción gradual o incremental de algo, institución o plan, mediante sucesivos ataques muchas veces imperceptibles, multiplicados en el tiempo y el espacio.

Históricamente, el fenómeno de la muerte lenta ha sido parte integral de numerosas contiendas y carreras políticas. En democracias parlamentarias la muerte lenta puede resultar tan insoportable que algunas víctimas prefieren evitar el proceso mediante el hara-kiri político de la renuncia: Allí están los casos de Richard Nixon, Carlos Andrés Pérez y otros.

Es importante premisa de muchas guerrillas; y en el terreno civil suele presentarse con especial dramatismo en ídolos populares con pies de barro.

Cuando una estructura política se consolida sobre el oportunismo del cargo, la dádiva, o el lucro del negocio fácil, las lealtades suelen ser superficiales y efímeras. El tema se vuelve dramático en trayectorias políticas caracterizadas por permanentes huidas hacia delante.

En semejantes entornos el opio es suministrado por adulantes y aliados de conveniencia con palabras melosas ó desafiantes a la realidad. Más de un juramento que proclama “esto, o la muerte” termina en el harto conocido síndrome de las ratas abandonando al barco que se hunde.

Todos nuestros campesinos saben que cualquier toro bravío puede atravesar un pequeño arroyo con fuerza incontenible: Pero si llega a soltar una mínima gota de sangre, su poderoso cuerpo es rápidamente devorado por caribes –o pirañas – que apenas le dejan la osamenta.

Un perceptivo colega ha señalado que el peor problema de ciertos gobernantes muy populares es rodearse de la gente menos de fiar de toda una nación. Con semejantes compañías, la estocada decisiva no suele ser del opositor frontal sino del presunto aliado. La historia preserva siempre las célebres palabras del moribundo César: “¿Et tu, Brutus?


Jueves, 22 de noviembre de 2007

SIEMPRE HABRÁ UN NIKITA

Antonio A. Herrera-Vaillant

Nikita Kruschev accedió al cargo de Secretario General del PCUS en la Unión Soviética tras la muerte de Stalin; y en febrero de 1956 concurrió al Comité Central a denunciar a su antecesor. Algunas de sus frases de entonces conservan toda su actualidad.

Allí dijo: “Las características negativas de Stalin se transformaron en un grave abuso de poder… no actuó mediante la persuasión, la explicación y la cooperación paciente con las personas, sino imponiendo sus conceptos y exigiendo obediencia absoluta a su opinión. Quien se oponía a ello, o procuraba probar su punto de vista y la exactitud de su posición, quedaba sentenciado a la exclusión.

Explicó: “Stalin inventó el concepto “enemigo del pueblo”. Este término hizo automáticamente innecesario que se probaran los errores ideológicos de un hombre u hombres dispuestos a la discusión; este término hizo posible el uso de la más cruel represión, la violación de todas las normas de la legalidad revolucionaria contra cualquiera que, en una u otra forma, estuviera en desacuerdo con Stalin; contra todo sospechoso de intención hostil”.

Agregó: “Este concepto “enemigo del pueblo” eliminó radicalmente la posibilidad de cualquier clase de lucha ideológica, y la posibilidad de dar a conocer opiniones personales sobre tal o cual punto, aún sobre cuestiones de carácter práctico.” Y remató: “Ese enfermizo recelo creaba en él una desconfianza general, aun con respeto a eminentes trabajadores del Partido a quienes habíamos conocido durante años enteros. Por doquier veía «enemigos», «espías» y «traidores». La obstinación de Stalin se mostró también en las relaciones internacionales.”

Como resumen, dijo: “Es ilícito y extraño al espíritu de marxismo y del leninismo elevar a una persona, transformarla en un superhombre dotado de características sobrenaturales, comparables a las de un dios… El culto de la persona en determinado momento se convirtió en la fuente de toda una serie de perversiones unánimemente graves y serias de los principios del Partido, de la democracia del Partido, de la legalidad revolucionaria.”

Medio siglo más tarde, en pleno siglo XXI, desde Norcorea hasta el trópico, diferentes caudillos del Tercer Mundo se apelan “socialistas” para justificar un poder vitalicio y el culto a su personalidad. Algunos son herbívoros y otros carnívoros, pero tienen dos comunes denominadores: Encarnan todo aquello que Kruschev denunció en 1956; y cada uno tendrá su Nikita.


Jueves, 8 de noviembre de 2007

PÉREZ JIMÉNEZ SIN INTERNET

Antonio A. Herrera-Vaillant

Últimamente los gorilas birmanos han cerrado su país al Internet. La acción – más allá de revelar un tipo de mentalidad y personalidad, pone de relieve varias realidades políticas de todos los tiempos.

Si es verdad que “Internet no sube cerros”, cabe preguntar si se justifica la preocupación de los orangutanes de Myanmar. Sin embargo, un “selecto” grupo de países con vastas poblaciones empobrecidas, con China a la cabeza, aplican restricciones similares.

Y es que aún cuando Internet no suba cerros el efecto multiplicador de opinión é información, como el agua, siempre encuentra su nivel. A la larga ningún régimen sobrevive con la oposición del 95% de su población con al menos cuarto grado de escolaridad.

La intolerancia ante las ideas ajenas y el afán por la uniformidad, reflejan pánico visceral de quienes en el fondo intuyen que sus postulados públicos carecen de sustento. De allí se pasa a la descalificación, al insulto, y luego represión de quienes de ellos disienten. Por eso decía Stalin que “al enemigo no basta matarlo, primero hay que desacreditarlo.”

Desde Robespierre hasta Mao, incluyendo personajes de ficción como Horatio Jackson en el “Barón Munchausen”, y almas gemelas como Hitler, Pol Pot y Ernesto Guevara, el mundo ha tenido líderes que se refugian en la posesión de la “verdad absoluta” para justificar el exterminio de cuanto les lleve la contraria.

Pero a la hora final y de las verdades, acciones como bloquear Internet es como el niñito que metía el dedito en el dique que desbordaba y reventaba.

Víctor Hugo nos legó el concepto que “nada es tan potente como una idea cuya hora ha llegado”. Al final, cuando el momento preciso llega, no es Internet el que tumba gobiernos: Es la presión de una opinión pública incontenible.

Antiguamente se hablaba de los “tambores que suenan en la selva”, y mas recientemente surgió “radio bemba”, pero las ideas buscan comunicarse, y cuando las ganas se juntan, los diques se rompen y no hay represión que valga. Mientras más se aprieta, mas sube la presión en la olla.

En Venezuela, quien quisiera suprimir o limitar acceso al Internet –y alguno habrá - deberían recordar al general Antonio Guzmán Blanco cuando dijo que éste país: "es como un cuero seco, que se pisa por un lado y se levanta por el otro".

Y si no, se lo diría el general Pérez Jiménez, cuyo régimen feneció a pesar de su soporte militar, ingresos petroleros, dos meses después de “ganar” un plebiscito, y sin Internet.


Jueves, 25 de octubre de 2007

CAMINITO DE WARENAS

Antonio A. Herrera-Vaillant

Al entregar mi anterior columna, un amigo preguntó si Guaraira no debería escribirse Waraira, a partir de una nueva nomenclatura oficial.

Resulta que la letra W la inventaron los normandos para representar el sonido germano semivocal entre la U y la V. En castellano, la letra W se usa únicamente en palabras extranjeras. Menos aún existía la W en el vocabulario de las tribus é imperios indígenas de la América.

GUA, en el vocabulario indígena de todo el continente, se asocia generalmente con agua. De la interacción de los españoles y portugueses con los indios a lo largo de América, surgieron diversos toponímicos con GUA como elemento común. En realidad ha podido ser UA porque la G – y en otros casos la H es silente.

Los indios de por aquí no escribían, pero como los Welser y los normandos no llegaron a Caracas, a nadie se le ocurrió meter nombres con W, como ahora pretenden algunos propulsores de la “kultura” popular.

Al doctor Castro, hombre culto amén de cualquier otra característica, no se le ocurrió cambiar un montón de nombres cubanos, por ejemplo Wantánamo y Wanabacoa. Quizás su relativo desinterés por lo indígena sea porque su antecesor Fulgencio Batista hacía gala de rancia estirpe taína. Pero tampoco Rigoberta Menchú ha propuesto cambiar el nombre de su país por Watemala.

Sin embargo hay los nuevos “indigenistas” del patio que con infinito onanismo intelectual alegremente sustituyen nomenclaturas para alimentar un interminable proceso de pan y circos. Éstos apenas subrayan una cerril é desafiante ignorancia que parece esencial a nuestros tiempos. Nos quejamos de las brechas educativas del tercer mundo, pero ésta se nutre más de dirigencias que siembran desinformación que de cualquier factor tecnológico.

El sabio Samuel Johnson llamaba al patrioterismo la última instancia de los sinvergüenzas, de allí que los gorilas de Birmania – en nombre del nacionalismo - se hayan preocupado más por cambiar el nombre de su nación a Myanmar, y la capital a Yangon, que por el bienestar de sus gentes. Alrededor del planeta nada le importa a un intelectualoide a la hora de marcar puntos frente a cualquier César de nuevo cuño.

Por tales motivos y a partir del “Waraira” pronto se podría escribir río Waire, La Waira, Wayana, Wanare, Watire, Arawa, y por su puesto, Warenas. ¡Hay mucha awa en Venezuela! El nuevo inquilino del Panteón sería Waicaipuro. ¡Wá!, ¿y será que en adelante los nativos del estado Lara serán waros? ¡Na’ wará!


Jueves, 11 de octubre de 20

GUARAIRA REPANO Y ÁVILA

Antonio A. Herrera-Vaillant

El alférez Gabriel de Ávila vino de España en 1563 en el velero "San Juan Bautista", acompañando al capitán Diego García de Paredes, que había sido nombrado Gobernador de Popayán. Llegaron a las costas de Catia La Mar el 4 de septiembre de 1563, y camino a Borburata fueron interceptados por indios que mataron a Paredes a flechazos.

Ávila prosiguió viaje a Borburata a informar lo que había pasado y luego fue alférez mayor de Diego de Losada en la expedición de conquista y población del valle de los indios caracas en 1567, participando en la toma de la loma de Terepaima. En 1569 pasó a Mariara, a convoyar al contingente que venía a reforzar la incipiente ciudad de Santiago de León.

Fue alcalde ordinario de Caracas en 1570, y se le encargó someter los indios Teques. Para ello salió encabezando unos 70 hombres al Real de las Minas, y quedó allí con indios trabajando en esas minas mirandinas.

Ávila adoptó la antigua costumbre de los indígenas que se sometían y esclavizaban los unos a los otros, lo cual debió convertirlo en un mal hombre a los ojos que los cultores del mito del “buen salvaje”. Sin embargo, se unió conyugalmente a una criolla mestiza y entre sus miles de descendientes se encuentran la pianista Teresa Carreño y el doctor Juan Pablo Pérez Alfonzo. Falleció hacia 1573.

Su legado más notable es que dejó su nombre al cerro de Ávila, que domina la ciudad de Caracas y es su principal punto de orientación, seguramente por tener propiedades en esos parajes.

A través de los siglos el Ávila y Caracas han sido inseparables en la tradición, la poesía, la música, y el folklore. El permanente vínculo histórico entre Caracas y su cerro el Ávila lo subrayó Simón Bolívar – descendiente de conquistadores - cuando en 1827 le dijo a Martín Tovar Ponte: “Solo dos cosas no han cambiado en Caracas, el Ávila y tú”.

Hoy se oyen voces que piden cambiarle el nombre al histórico cerro por el vocablo con que los indígenas se referían a todo el sector de la cordillera central: Guaraira-repano.

Si para mejorar la condición de algunos descendientes de indígenas se pasa por soluciones semánticas, bueno y sano. Pero es ampliamente probado que los cambios semánticos son un aspecto resaltantes del “Principio de Peter”.

Así pues, abolir el nombre del Ávila no pasaría de ser un efímero caso más en un constante deambular criollo desde los sublimes ejemplos del Libertador hasta las infinitamente ridículas cursiladas de sus sucesores.


Jueves, 27 de septiembre de 2007

LA TORTUGA Y LA LIEBRE

Antonio A. Herrera-Vaillant

Los ingresos excedentes del petróleo han dado a Venezuela numerosas oportunidades de acelerar su desarrollo e incorporar a segmentos marginados a la economía moderna. Distintos gobiernos se han apoyado en sucesivas bonanzas para lanzar ambiciosos planes para acelerar el progreso económico y social de la nación.

Esa riqueza providencial ha permitido a Venezuela adelantar en diversos frentes, pero a la vez se han perdido incontables oportunidades por escasez de criterio, mala administración, y corrupción. Como agravante, el petróleo crea expectativas desproporcionadas en la población, no sólo en cuanto a los resultados anticipados, sino también a las posibilidades reales del Estado venezolano.

La aceleración durante los ciclos de bonanza podría compararse con los saltos de una liebre, que quiere aprovechar el momento con excelentes intenciones y a menudo termina reivindicando el viejo refrán que dice que “del apuro queda sólo el cansancio”.

Durante el mismo tiempo Colombia ha sufrido graves problemas políticos, económicos y sociales, que a veces han parecido condenarla en una espiral de miseria y violencia. Los crueles retos que estoicamente ha soportado el pueblo colombiano a menudo pueden compararse a los que ha experimentado el pueblo israelí.

El Estado colombiano, tradicionalmente carente de excedentes petroleros, ha tenido que apoyarse en la producción y el trabajo de sus ciudadanos para todos sus emprendimientos. Nunca se ha podido dar el lujo de dar los saltos repentinos que han caracterizado al proceso venezolano. Allá los gobiernos dependen de la iniciativa privada y no viceversa.

Como resultado, el colombiano de a pié no piensa que el Estado está obligado a proporcionarle esto o aquello, como especie de derecho divino por el mero hecho de nacer en su país. Al contrario, tiene que cultivar el trabajo individual buscando mayor productividad y mejor competitividad dentro del campo global. Por el mismo motivo los sectores público y privado han aprendido a colaborar hacia un fin común.

Para muchos venezolanos, Colombia parece caminar en austero y lento paso de tortuga ante sus graves problemas, mientras allá muchos nos ven como sinónimo de aceleración desordenada.

Hoy ambas naciones presentan altas tasas de crecimiento, pero de distinta calidad y orientación. Solo el tiempo dirá cual será más efectiva en lograr desarrollo sólido y superación social sustentable: la conservadora tortuga o la osada liebre.


Jueves, 13 de septiembre de 2007

VAMOS AMARRADITOS LOS DOS

Antonio A. Herrera-Vaillant

Colombia y Venezuela conforman la cornisa norte de Suramérica en relación similar a hermanos siameses. Su destino es convivir pese a ocasionales roces que surgen en una estrecha relación entre dos estilos nacionales disímiles en muchos aspectos.

Ambos tienen hoy sobre la mesa tres temas de la mayor relevancia económica, geopolítica y de orden público bilateral: Uno es el posible retorno de Venezuela a la Comunidad Andina de Naciones (CAN), instancia a sus inicios describió un observador como “una fiesta que hemos armado para que podamos bailar nosotros dos”.

Otro, es el tema geopolítico del antiguo diferendo sobre la territorialidad en las aguas del Golfo de Venezuela, ricas por demás en recursos y opciones energéticas. Y en el campo del orden público está el problema de la guerrilla colombiana y su repercusión dentro de las fronteras venezolanas.

Hace una semana se reunieron en Bogotá los líderes de ambos países, mandatarios fuertes con importante respaldo popular en las respectivas naciones. Parece sorprendente que personajes tan distintos en personalidad y filosofía del desarrollo lleguen a acuerdos relevantes: Pero parece que así podría ser.

Y es porque también se observa un claro respeto oficial por las soluciones internas de cada cual, piense cada cual lo que sea en su fuero interno. En consecuencia, del encuentro parece estar saliendo un humo blanco para resolver los tres temas.

Colombia hoy exporta petróleo y derivados, pero tradicionalmente ha carecido del chorro de recursos que ha gozado Venezuela. Y sin embargo, su economía, productividad y competitividad crecen a pasos agigantados. La relación económica bilateral, que incide tanto en la integración como en el diferendo, es fundamental para el desarrollo de ambas naciones.

En cuanto a la guerrilla, el presidente Uribe la enfrenta con energía, calificándola de terrorista, mentirosa, asesina, y cuanto epíteto condenatorio se le puede endilgar. Y ahora en Bogotá, el presidente Chávez afirma en rueda de prensa que él era el único presente que había enfrentado a tiros a esa misma guerrilla…

Así las cosas, visto en frío, con calma y perspectiva, parece sensato que las diversas corri


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