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Columna de opinión que publico cada dos jueves en EL UNIVERSAL (Caracas), NOTITARDE (Valencia), EL IMPULSO (Barquisimeto), LA NACIÓN (San Cristóbal), y ocasionalmente en EL TIEMPO (Puerto La Cruz). Jueves, 10 de abril de 2008 BOLÍVAR JAMÁS FUE PATÁN Antonio A. Herrera-Vaillant Simón Bolívar, libertador de seis naciones, tuvo sus defectos, pero entre ellos jamás se contaron la mala educación y la patanería. Nació, vivió y murió como un caballero. Perteneció decididamente a esa estirpe de líderes que constituyen referencia para la superación de los pueblos y jamás se rebajan al mínimo común denominador de una sociedad. En carta a su sobrino Anacleto Clemente Bolivar el 29 de mayo de 1826, reprende su mala conducta y destaca el papel que la educación, la dignidad y el autodominio desempeñan para el ascenso social de las personas, poniendo por ejemplo a muchos guerrilleros que no tenían más familia que la patria. Le dice textualmente: “¿No te da vergüenza ver que unos pobres llaneros sin educación, sin medios de obtenerla, que no han tenido más escuela que la de una guerrilla, se han hecho caballeros; se han convertido en hombres de bien; han aprendido a respetarse a sí mismos, tan sólo por respetarme a mí? Es notable que El Libertador destaque el respeto hacia sí mismos y hacia su persona como líder de la Independencia, Jefe de Estado y referencia moral para la nación que estaba forjando. Bolívar no quería fanáticos adulantes, que de forma abyecta le aplaudieran cualquier procacidad o improperio: Quería hombres y mujeres decentes, que tuvieran por norte la educación, la ética, y una conducta social correcta. Al plantear la reforma universitaria de 1827, enfatizó que “la decencia, el decoro, la urbanidad, la cultura en el idioma, todo debe recluir en los maestros, a fin de que con estas lecciones practicas formen buenos discípulos”. El general José de San Martín dijo de Bolívar: “sus maneras eran distinguidas y revelaban haber recibido muy buena educación. Aunque su lenguaje fuese algunas veces grosero, me pareció no le era natural el tenerlo, sino que lo empleaba para darse un aire más militar”. Lo que en 1844 llamaba San Martín “grosería” era apenas aspereza de trato, nada que ver con la soez procacidad que hoy impera. Para Bolívar, ser caballeroso era el primer atributo que debía tener un hombre. Al describir a Sucre, su primer elogio fue decir “Sucre es caballeroso en todo, es la cabeza mejor organizada de Colombia, es metódico y capaz de las más altas concepciones”. A la luz del ejemplo bolivariano, una genuina reforma educativa debe resucitar el viejo “Manual de Urbanidad”, de Carreño, e imponerlo en toda la sociedad: Comenzando desde su cabeza, y llegando hasta los pies.
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RATONES QUE RUGEN
Jueves, 22 de mayo de 2008 RATONES QUE RUGEN Antonio A. Herrera-Vaillant aherreravaillant@yahoo.com Hace poco vimos de nuevo la divertida comedia llamada “El Ratón que Rugió”, sobre un pequeño ducado europeo que – ante el progreso de Alemania y Japón tras la II Guerra Mundial –declara guerra a EEUU buscando que los gringos invadan y resuelvan todos sus problemas. Aquello nos recordó a los Mussolini de opereta que produce el subdesarrollo - con charretera o sin ella – quienes internacionalmente adoptan pose de guapetón de barrio, con ínfulas napoleónicas, para la distracción y deleite de sus ingenuos admiradores. Esos personajes viven una permanente “huída hacia delante” para encubrir sus fracasos. Fabrican incesantes conflictos externos y teatralmente asumen papel de víctima – siempre en papel de David - para tapar incompetencias en lograr algo constructivo. Por lo general el Goliat norteamericano – “enemigo” favorito de estos personajes –les responde con el látigo de la indiferencia. Pero: los rugidos de ratón pueden ser tiros que salen por la culata. No se sabe si “Chacho” Galtieri y sus militares argentinos vieron la película de Peter Sellers antes de lanzar su fatídico ataque a las Malvinas de 1982. Para infortunio de ellos, el único resultado de esa aventura fue el ocaso del régimen que la inició. Aquello fue una bendición; más no la buscada por los autores: Los prepotentes uniformados quedaron por décadas desacreditados para gobernar Argentina. Luego apareció el gorila panameño Manuel Noriega con poses nacionalistas que mal disimulaban al brutal malandrín y barato narcotraficante. Su película terminó tras barrotes de una cárcel floridana; y sus “heroicos defensores de la soberanía” soberanamente se evaporaron a la hora de la verdad. Sucede que las comunicaciones modernas y los avances tecnológicos fácilmente desenmascaran todo “bluff” infantil en el juego de las naciones. Las realidades militares y la superioridad tecnológica de países serios les permiten precisar las coordenadas precisas de un zarcillo colocado en la oreja izquierda la madre de cualquier caudillejo tropical que se convierte en verdadero problema. Más no todo es tecnología: Entra el factor humano. Entre regímenes corruptos y “revolucionarios” desmoralizados sobra la información interna. Muchos gritan “hasta la victoria, siempre” para salir bajo cuerda a buscar indulgencias y asegurar sus futuros. Como liebres ante terremotos, los oportunistas siempre intuyen que a cada cochino llega su sábado: Cuando más de un rugir termina en chillido.
Escrito por: | 23/05 04:44PM
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